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Lamborghini Urraco Rally Naranja Kyosho 1:18

Lamborghini Urraco Rally Naranja Kyosho 1:18
Precio actual: 225,00 €
Últimas 3 unidades
Entrega estimada: 2–4 nov 2026
Envío desde 11,50 € Con seguimiento y seguro
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Pago seguro con
Ficha técnica
Marca del coche
Lamborghini
Fabricante de modelos
Kyosho
Escala
1:18
Material
Metal
Estado del modelo
Modelo Nuevo
SKU
08445P
100% auténtico Directo de fabricantes
Cartón de 5 capas Interior relleno de espuma
Devoluciones fáciles 14 días, sin preguntas
Pago seguro Cifrado SSL de 256 bits

Sobre el Lamborghini Urraco Rally Naranja Kyosho 1:18

TL;DR: El Kyosho Lamborghini Urraco 1:18 Rally Orange es un diecast del cupé 2+2 de motor V8 central que Lamborghini produjo en los años setenta. La carrocería es articulada, pensada para quien quiere inspeccionar la pieza en mano. Encaja en colecciones de deportivos italianos de los setenta y en estanterías que huyen de lo obvio.

Entre los Lamborghini de los setenta, el Urraco es uno de los menos visitados por los coleccionistas. Ni Miura ni Countach: un cupé compacto, de líneas Bertone, con el motor detrás de los asientos y un precio que buscaba rivalizar con el Porsche 911. Kyosho lo lleva a 1:18 en un color que no pasa desapercibido.

Kyosho Lamborghini Urraco 1:18 y su construcción en diecast

Peso, pintura y proporciones de cupé compacto

En la mano, lo primero que se nota es el peso: la aleación de zinc aporta una densidad que la resina no iguala, y esa masa transmite solidez desde que la pieza sale de su espuma. El Rally Orange, tal como lo nombra el producto, es un tono cálido y saturado que bajo un foco deja ver la profundidad del pintado, algo que favorece la base metálica, porque el brillo se asienta sobre un casco duro y uniforme. En cuanto a proporciones, el Urraco es un cupé corto y bajo, de voladizos contenidos, así que ocupa bastante menos estante que un doce cilindros de su época. Conviene mirarlo de perfil: ahí se juzga la línea de cintura.

Carrocería articulada: lo que se gana y lo que se cede

Este modelo tiene carrocería articulada, y eso cambia la forma de disfrutarlo: se puede coger, abrir y volver a cerrar, y el metal resiste ese trato mejor que una resina frágil. La contrapartida es la habitual en el diecast con piezas practicables: las holguras de montaje son algo mayores que en una carrocería sellada, de modo que las líneas de junta se ven un poco más anchas. Es un trato honesto. Se gana interacción y se cede una pizca de limpieza en los cortes, algo que a distancia normal de vitrina apenas se percibe y que a quien disfruta enseñando la pieza le suele compensar.

Un Lamborghini de Bertone con el motor detrás de los asientos

V8 transversal y filosofía 2+2

El Urraco nació para ampliar la gama de Sant'Agata hacia un público que no llegaba a los doce cilindros. Su motor V8 va en posición central y transversal, detrás de los asientos, una disposición compacta que dejó sitio para dos plazas traseras pequeñas, de ahí el 2+2. La carrocería es obra de Bertone, con Marcello Gandini como diseñador, el mismo nombre que firmó la línea del Miura. Además, el nombre sigue la costumbre de la casa de bautizar sus coches con referencias a la tradición taurina, un detalle que el coleccionista español reconoce al instante.

Frente a los rivales de su época

El Urraco se planteó frente al Porsche 911 y al Ferrari Dino, y su rival más directo entre los 2+2 de motor V8 central fue el Dino 308 GT4, que también salió de Bertone. Esa pareja funciona muy bien en una estantería de deportivos italianos de los setenta: dos cupés de la misma casa de diseño y de marcas enfrentadas. En la vida real, el Urraco gozó de menos fama que los modelos de gama alta de Lamborghini, y por eso aparece poco en las colecciones. Esa discreción es precisamente su argumento: una pieza que genera conversación entre quienes ya tienen el Miura y el Countach.

Dónde encaja en una colección de deportivos italianos

Este Urraco funciona como pieza de contraste: junto a un Miura o a un Countach, enseña el Lamborghini de acceso de los setenta, con una silueta más discreta y un color que rompe la hilera de rojos habituales. En 1:18 un cupé de este tamaño se aloja sin problemas en una repisa estándar, y conviene dejar espacio delante para manipular las partes móviles sin rozar la pieza vecina. Hay que alejar la vitrina de la luz solar directa, que con los años apaga un naranja saturado, y limpiar el polvo con un pincel suave, nunca con paño seco, que arrastra partículas sobre el pintado. Quien quiera comprar un Lamborghini de los setenta fuera de lo previsible tiene aquí una opción sólida, en metal y a escala generosa.

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