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Rolls-Royce Phantom VI Plata Rojo Kyosho 1:18

Rolls-Royce Phantom VI Plata Rojo Kyosho 1:18
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Agotado

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Ficha técnica
Marca del coche
Rolls-Royce
Fabricante de modelos
Kyosho
Escala
1:18
Material
Metal
Estado del modelo
Modelo Nuevo
SKU
08905SR
100% auténtico Directo de fabricantes
Cartón de 5 capas Interior relleno de espuma
Devoluciones fáciles 14 días, sin preguntas
Pago seguro Cifrado SSL de 256 bits

Sobre el Rolls-Royce Phantom VI Plata Rojo Kyosho 1:18

TL;DR: El Rolls-Royce Phantom VI 1:18 de Kyosho reproduce en diecast la berlina coachbuilt de 1968, con acabado bitono Silver Red y mamparo trasero fiel al original. Rolls-Royce construyó el Phantom VI casi a mano para uso de estado, y esta miniatura traduce esa exclusividad a escala de vitrina.

Pocos coches se construyeron tan despacio como el Phantom VI. Rolls-Royce lo ensambló casi artesanalmente durante más de dos décadas, y esa lentitud es precisamente lo que Kyosho intenta trasladar a esta berlina en miniatura.

Kyosho y la carrocería coachbuilt del Phantom VI

Proporciones largas y mamparo trasero

La carrocería diecast reproduce la longitud excepcional del Phantom VI, con un capó delantero que ocupa buena parte del perfil y una zona trasera separada por el mamparo de privacidad, el elemento que distinguía a estas berlinas ceremoniales de cualquier sedán de producción normal. El peso del zamak en una pieza de este tamaño se percibe de inmediato al sacarla de su caja, una densidad que transmite la solidez de una carrocería pensada para durar décadas de servicio protocolario. Las puertas traseras, más largas que las delanteras, abren con una resistencia firme que evita que queden colgando en cualquier ángulo. Comparado con sedanes de menor tamaño, la firmeza de estas puertas traseras es notablemente distinta, y se aprecia al primer contacto con la pieza.

El bitono Silver Red y el detalle cromado

El esquema Silver Red combina una franja superior en plata con el cuerpo inferior en rojo, una división cromática habitual en berlinas de representación de la época y que aquí queda marcada con un filo recto sin manchas ni transición borrosa entre ambos tonos. Los detalles cromados en parrilla, faros y molduras laterales están bien definidos, un aspecto donde Kyosho invierte atención porque es lo primero que distingue una berlina de lujo bien pintada de una genérica. Bajo luz directa el rojo profundiza y el plateado gana brillo, un contraste que en vitrina se aprecia mejor que un acabado monocromo.

El Phantom VI: la última berlina de Rolls-Royce hecha casi a mano

Un coche de estado, no de catálogo

El Phantom VI llegó en 1968 como sucesor del Phantom V y se destinó, en su mayoría, a jefes de estado, la propia familia real británica y usos institucionales, más que a la venta particular convencional. Su producción se prolongó durante más de veinte años con volúmenes anuales mínimos, una longevidad inusual para un modelo que apenas evolucionó mecánicamente durante ese tiempo. Esa combinación de baja producción y uso ceremonial explica por qué el Phantom VI se ve con tanta menos frecuencia en la carretera que otros Rolls-Royce de la misma época.

Por qué esta escala favorece a una berlina tan grande

A 1:18, la longitud real del Phantom VI se traduce en un modelo de vitrina con presencia propia, muy por encima de lo que ofrecería una réplica a 1:43 de la misma berlina. Es la escala que permite apreciar el mamparo trasero, la separación entre los asientos del conductor y los pasajeros, y la anchura de las puertas traseras sin que el detalle se pierda en el tamaño de la pieza. Para un coleccionista centrado en berlinas británicas de posguerra, esta es la escala que hace justicia al carácter institucional del coche.

Un Phantom VI en una vitrina de berlinas de época

Este Phantom VI encaja mejor junto a otras berlinas de representación que junto a deportivos, porque su interés está en la proporción y en el detalle de acabado, no en la deportividad. Kyosho lo trabaja únicamente en diecast a 1:18, sin versión en resina para este modelo, lo que mantiene el precio dentro de un rango accesible frente a las piezas de coachbuilders trabajadas a mano en resina limitada. Con una longitud aproximada de 30 centímetros, exige una balda amplia, pero recompensa ese espacio con una de las siluetas más reconocibles del automovilismo británico de posguerra. Su rareza como sujeto de miniatura, frente a la abundancia de deportivos disponibles en diecast, también lo convierte en una elección menos obvia para quien busca diferenciarse en el pasillo de la vitrina.

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