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Ford Roadster Street Rod Azul with Fire Road Signature 1:18

Ford Roadster Street Rod Azul with Fire Road Signature 1:18
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Ficha técnica
Marca del coche
Ford
Fabricante de modelos
Road Signature
Escala
1:18
Material
Metal
Estado del modelo
Modelo Usado
SKU
92249
100% auténtico Directo de fabricantes
Cartón de 5 capas Interior relleno de espuma
Devoluciones fáciles 14 días, sin preguntas
Pago seguro Cifrado SSL de 256 bits

Sobre el Ford Roadster Street Rod Azul with Fire Road Signature 1:18

TL;DR: El Ford Roadster de 1932 de Road Signature en 1:18 luce un acabado azul con llamas, la firma visual más reconocible de la cultura hot rod americana surgida en torno al popular Ford conocido como Deuce. Una miniatura diecast que documenta cómo un modelo de gran serie de los años treinta se convirtió en la base predilecta de toda una tradición de personalización estadounidense.

El Ford de 1932 no nació pensado para la velocidad, pero su chasis ligero y accesible lo convirtió, décadas después, en el lienzo preferido de una generación de aficionados a personalizar coches.

Road Signature y la tradición de las llamas pintadas a mano

El acabado en llamas sobre fondo azul recrea una técnica de pintura que los talleres de personalización americanos popularizaron a mediados del siglo veinte, buscando transmitir velocidad incluso con el coche detenido, y Road Signature resuelve ese contraste cromático con una definición nítida entre el azul de la carrocería y las lenguas de fuego que recorren el capó y los pasos de rueda. La fundición de zinc aporta el peso esperado de un hot rod real, con el motor expuesto y el chasis descubierto, elementos que definían visualmente a estos coches modificados frente a un automóvil de calle convencional de la misma época. Es una pieza pensada para transmitir la actitud del hot rod antes que la fidelidad de un modelo de fábrica sin modificar.

El Ford de 1932 y su papel fundacional en la cultura hot rod

El chasis ligero y el motor V8 asequible que Ford introdujo en 1932 lo convirtieron en la elección preferida de los primeros aficionados a modificar coches en Estados Unidos, quienes despojaban la carrocería de elementos innecesarios y ajustaban la mecánica para ganar velocidad en las carreteras y los lechos secos del oeste americano durante los años cuarenta y cincuenta. Ese origen práctico, nacido de la necesidad de aprovechar coches de gran serie relativamente baratos, terminó dando forma a toda una subcultura estética que perdura hoy en encuentros y exhibiciones de hot rods por todo el mundo. Tener este Roadster de 1932 en la vitrina es reconocer el punto de partida histórico de un movimiento que empezó como ingenio de posguerra y terminó como arte popular americano.

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