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Chrysler New Yorker Azul Signature Models 1:18

Chrysler New Yorker Azul Signature Models 1:18
Precio actual: 218.00 
Agotado

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Ficha técnica
Marca del coche
Chrysler
Fabricante de modelos
Signature Models
Escala
1:18
Material
Metal
Estado del modelo
Modelo Usado
SKU
CT-68629
100% auténtico Directo de fabricantes
Cartón de 5 capas Interior relleno de espuma
Devoluciones fáciles 14 días, sin preguntas
Pago seguro Cifrado SSL de 256 bits

Sobre el Chrysler New Yorker Azul Signature Models 1:18

TL;DR: El Chrysler New Yorker azul de Signature Models es un diecast 1:18 de gama accesible que recrea el sedán de lujo americano de 1948. Proporciones amplias y frontal cromado propios del Detroit de posguerra, pensado como pieza asequible para una vitrina de clásicos americanos.

En 1948 Detroit todavía trabajaba con las formas heredadas de antes de la guerra, y el New Yorker las llevaba con la solidez propia de la gama alta de Chrysler.

El New Yorker en diecast de gama accesible

Signature Models opta por un zamak de peso correcto y un ajuste de juntas propio del segmento de entrada, sin la precisión de una resina de coleccionista pero con la silueta reconocible del sedán americano de posguerra. El azul elegido resalta las superficies curvas del capó largo y los guardabarros pronunciados, mientras que los cromados del frontal y las llantas aportan el contraste que definía a estos coches de gama alta. El interior se mantiene simplificado, coherente con el precio de la pieza. Es un diecast pensado para el reconocimiento de la silueta, no para el escrutinio milimétrico, y cumple bien ese objetivo.

El New Yorker y el Detroit de posguerra

El Chrysler New Yorker representaba, en 1948, la gama alta de la marca dentro de un mercado americano que aún tardaría unos años en adoptar las formas más extravagantes de los cincuenta. Se trataba de un sedán pensado para una clientela con recursos, con motor de seis u ocho cilindros según configuración y un tamaño que anunciaba ya la escala de los grandes americanos que vendrían después. Para una vitrina centrada en el automóvil de posguerra, este New Yorker ofrece ese punto de partida: el momento justo antes de que Detroit soltara del todo las riendas del diseño.

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